Para mejorar nuestro consumo desde un punto de vista de sostenibilidad hay “múltiples opciones” pero todo empieza por “ser conscientes” de que “debemos dejar de consumir aquello que no necesitamos” y de que “hay un impacto detrás de todas las cosas que compramos”.

Así lo asegura Amaya Apesteguía, especialista en consumo responsable y colaborativo de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y coordinadora del Grupo de Reflexión sobre Ciudades colaborativas” que también participó en la sesión sobre este tema en el Foro de las Ciudades de Madrid Ifema, celebrado entre los días 13 y 15 de junio en Feria de Madrid.

Esta experta considera que “ya estamos empezando a darnos cuenta” de este impacto, y que ello se refleja en que, “por ejemplo, hay muchísima gente que cuando va al supermercado no le parece bien que una manzana ecológica esté sobre envasada en una bandeja, con un plástico y etcétera”, precisa. “Cuando existe una base de sensibilización es más fácil tomar decisiones”, concluye. Matiza, no obstante, que “es importante que la oferta acompañe, que nos de opciones más sostenibles, más responsables”.

Más allá del consumo, Apesteguía recomienda que, en vez de tirar un producto una vez deja de ser de utilidad para una persona en concreto, se busque un nuevo uso para el mismo, a través de las nuevas plataformas de la economía colaborativa.

Si bien es cierto que “esto es algo que ya hacíamos en familia, en petit comité”, considera que “ahora se ha puesto de moda vender lo que ya nonecesitas en plataformas como Wallapop, intercambiarlo entre conocidos e incluso desconocidos o donarlo a través de sitios como ‘No lo tiro’ o telodoy.es“.

En cuanto a la movilidad, esta experta indica que “hay varias herramientas”, algunas de las cuales se podrían considerar “macro” -como replantear la necesidad de los desplazamientos o la distancia a los lugares de trabajo- y que se solucionan también con estrategias a largo plazo como de teletrabajo.

Otra medida destacada para adoptar un modelo de movilidad más sostenible es la de facilitar la intermodalidad en el transporte, de modo que se instalen aparcamientos amplios que permitan a una persona dejar el vehículo en una estación y de ahí coger, por ejemplo, un tren de cercanías; así como establecer “una buena red de carriles bici”, señala.

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“Luego está la opción de la movilidad colaborativa”, que consiste en que “si, por ejemplo, yo tengo un coche y el ochenta por ciento del tiempo está aparcado en un garaje, lo puedo alquilar a través de una plataforma y ello me da un dinero de más que siempre viene bien para el mantenimiento del mismo”, detalla.

Por otra parte, prosigue esta experta, existe la posibilidad de compartir trayecto y así repartir gastos de un viaje, o incluso de compartir el vehículo, mediante “estas flotas privadas que están surgiendo en las ciudades, como Car2Go en Madrid, que permiten a uno poder renunciar al coche privado y alquilar uno para un servicio puntual”, explica, y agrega que, además, “normalmente son eléctricos”.

El documento final del Grupo de Trabajo del Foro de las Ciudades de Madrid 2018 sobre economía colaborativa, así como las organizaciones participantes se puede consultar en la página web del encuentro.